Frío
Quien sabe exactamente que es lo que va a hacer cada día durante lo resto de su vida no alberga grandes temores ni demasiadas esperanzas. Akaki podría jurar que su porvenir está escrito con tinta diluida en líneas claras y rectas, confía en los trazos seguros y firmes de la rutina que lo protege de los grandes males y de las alegrías inesperadas. Hasta que un insignificante suceso doméstico introduce una luz brillante en el claroscuro: nace la necesidad y, como expresión más elaborada de la misma, el deseo.

