Evento: Orquestra Sinfónica de Vigo 430 – Obras de Mozart
Orquestra Sinfónica de Vigo 430 – Obras de Mozart
La Orquesta Sinfónica de Vigo 430 ofrece un concierto formado íntegramente por obras de Wolfgang Amadeus Mozart, uno de los compositores más influyentes de la historia de la música.
Solistas: Delia Agúndez, Ana Jesús Sánchez, Diego Neira y Borja Quiza
Coro de Cámara Rías Baixas
Director y solista: Vicent Alberola
Programa:
I. Wolfgang Amadeus Mozart, Concierto para clarinete y orquesta en la mayor, K. 622
II. Wolfgang Amadeus Mozart, Réquiem en re menor, K. 626
El Romanticismo convirtió a Wolfgang Amadeus Mozart en un mito a través de esta sobrecogedora obra: según la leyenda, el músico la compuso con la idea de que se trataba de su propio Réquiem, encargado por un mensajero de la muerte. Aunque la realidad parece ser menos poética, esto no le resta potencia expresiva ni belleza a la partitura, con algunas secciones que se cuentan entre las obras cumbre no sólo de la producción de Mozart, sino de la música universal: el Introitus, el Kyrie, el Dies irae o el Lacrimosa. En el último año de su vida, se presentó ante Mozart, que estaba ya enfermo, un taciturno desconocido, que le entregó una carta y desapareció.
Era el encargo anónimo de una misa de réquiem, con la promesa de una buena recompensa. El fúnebre desconocido se volvió a presentar unos días después y pagó un anticipo, recomendando a Mozart que no había descuidado su obra. Volvió después, de tanto en tanto, para vigilar el progreso del trabajo. Era, sencillamente, el camarero del conde Franz von Walsegg, rico aficionado que tenía la debilidad de encargar obras a los grandes músicos para hacerlas ejecutar después haciéndolas pasar por suyas.
Pero aquellas circunstancias singulares turbaron la mente de Mozart, ya fatigada por la áspera y continua lucha por la vida. Se entregó a la composición del Réquiem con el máximo empeño y, al mismo tiempo, con la firme persuasión de que aquella obra habría de ser también el suyo cuanto fúnebre. En efecto, no pudo finalizarla. La obra fue completada por su discípulo Franz Xaver Süssmayer (1766-1803), quien, en los últimos corderos de la vida del maestro, había vivido en estrecha intimidad artística con él. No es fácil determinar exactamente cuál es la parte debida a Süssmayer.
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