Dona Emilia e a Señora Carme
En las largas noches de invierno o en las calurosas tardes de verano, la vieja Carmela leía novelas del oeste o le miraba los santos a las revistas del corazón. Eso era cuando no estaba calcetando, ni ganchillando, ni rezando el rosario, que eran sus ocupaciones principales en su ocio. Tenía otra afición que gustaba mucho en la familia: cocinar y no podía evitar hacerlo en cantidades industrais, por del hambre pasada, por lo que siempre necesitaba ayuda en la cocina y allí estaba su nieta para ayudarle en los fogones.

