Evento: Mañás poéticas

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Mañás poéticas
Miércoles, 25 marzo, 2026 - 10:30
Biblioteca Pública de Santiago Ánxel Casal,
Santiago de Compostela

Mañás poéticas

Alrededor de la obra de Alejandra Pizarnik

Nueva sesión de Mañás poéticas, una lectura abierta y libre de textos de diferentes autoras y autores, que en el mes de marzo dedicamos a la poeta Alejandra Pizarnik.

Hija de una familia ruso-judía, nació en Buenos Aires el 29 de abril de 1936. Su padre y su madre tenían 27 y 26 años, respectivamente, y habían llegado procedentes de París, depués de pasar una temporada con el tío paterno. Con la llegada del nazismo, desapareció prácticamente toda la familia. Solo sobrevivieron el tío con el que habían estado en París y otra tía, hermana de la madre, que se había trasladado también a Buenos Aires. Tuvo una etapa infantil liberal, de acuerdo con el ambiente familiar. Pasó por las aulas de Filosofía y de Periodismo en la capital argentina donde el catedrático de Literatura Moderna, Juan Jacobo Barjalía, la anima a intentar una carrera literaria. Por esas fechas comienza a manifestar una especie de fascinación por la muerte, presente en toda su obra y también entra en contacto con el surrealismo, a través del pintor Batlle Planas.

Explora también el camino de reportera, con algún trabajo realizado, pero deja esta vocación por otros mundos que le tiraban más. Con una salud frágil por su condición de asmática, su padre le ofrece cuidado. Su negocio de joyero les permitía vivir con desahogo y paga la publicación de su primer libro, La última inocencia (1956), que aparece en Botella al Mar, del gran editor gallego Arturo Cuadrado, en la que también participaba Luís Seoane.También le paga las consultas psicológicas, con las que intentaba poner orden en una mente desbocada.

Pizarnik intentó un cambio de residencia y se trasladó a París, de 1960 a 1964, pero su insatisfacción crónica se mantuvo más allá de cualquier remedio que experimentara. En 1971 le escribe una carta a su gran amor, Sylvina Ocampo -que no respondió-, en la que habla de problemas respiratorios muy molestos y de una potente sensación de proximidad con la muerte, en el plano anímico, en el literario y quizás también en el físico, que puede resumirse en estos dos pasajes de la propia carta:

¿Por qué, Silvina adorada, cualquier mierda respira bien y yo me quedo encerrada y soy Fedra y soy Ana Frank?

Además la muerte tan cercana a mí (tan lozana!) me oprime. (...) Sylvette, no es una calentura, es un re-conocimiento infinito de que sos maravillosa, genial y adorable.

Otra relación importante en su vida la mantuvo con la poeta Olga Orozco, que le dedicó el poema Pavana del hoy para una infanta difunta que amo y lloro.

En la sala de trabajo A de la tercera planta. La entrada es libre hasta un máximo de 15 participantes.

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